Sidrería El Xugu preparada para una espicha

Sidrería El Xugu, González Besada 42 – Oviedo

Llevarse sorpresas no es difícil en los restaurantes hoy en día, que éstas sean gratas ya es otra cosa. Y la noche de este sábado (por lo visto uno cualquiera sirve) fue uno de estos días que aunque el cansancio apriete merece la pena desprenderse del lugar donde esté uno apalancado y acercarse a la Sidrería El Xugu.

Una vez entras te sientes transportado a otros tiempos en los que todo era más fácil, más sencillo, sin tantos recovecos como los que ponemos y nos encontramos en cada acción de nuestra vida hoy en día. Te apetece pedir algo y acto seguido empezar a hablar con el que está detrás de la barra o a tu lado sobre todo y sobre nada.

Oli padre e hijo, de sidrería El XuguEs El Xugu una sidrería-chigre de los de antes, donde lo que importa es el ambiente, el trato cordial y la camaradería. Y lo consiguen, vaya que si lo consiguen. Hay que advertir que es aconsejable reservar pues el local no es muy grande y se suele llenar todos los fines de semana. ¿La fórmula para conseguirlo? lo dicho anteriormente, buen rollo.

Nada más llegar nos recibe su propietario Oli, una persona entrañable y de sonrisa eterna con toda una vida detrás de una barra que tiene mucho poso sobre sus lomos. Una botella de sidra para ir haciendo boca y contemplar como todas las mesas de la alargada y estrecha sidrería están preparadas para los futuros comensales. A eso de las nueve empiezan los comensales a llegar a borbotones, despistados, con sus cosas. Las mesas se van llenando, cada grupo bien definido, muy variopinto en cuanto a edad y clase. Vista la gente no se atisba una similitud de caracteres o gustos, pero El Xugu tiene algo mágico que amalgama todo y a todos. A las 10 el local ya está lleno: una mesa redonda para tapear y sidrear de pie con 6 habituales a la entrada, un primer grupo de felices compañeros de un equipo de fútbol que acaban de sellar la subida de su equipo a segunda, a continuación un nutrido grupo de un coro en el que nos encontramos integrantes de los dos sexos y todas las edades y al fondo 2 mesas con 2 cumpleaños distintos. Para finalizar la barra salpicada de gente rotando y 4 mesitas para 2 que albergan a habituales de más bien avanzada edad. Lo dicho, una mezcla muy variopinta con muy poco en común sobre el papel.

Y empieza el espectáculo, las bandejas de tortilla, costillas, calamares, pollo al ajillo, lacón, chipirones, embutidos y demás platos comunes en las típicas espichas asturianas van posándose sobre los manteles servidas siempre con desparpajo y una sonrisa en la boca. Se nota que el negocio es familiar y está en la sangre. No esperéis aquí platos delicatessen ni cocina de autor, sólo platos típicos y tradicionales, producto bien cuidado y a unos precios muy competitivos, ofrecen menús de espicha entre 12 y 25 euros por persona, no hace falta más. Las jarras de sangría de sidra y vino y las botellas de sidra van rotando alegremente, los decibelios van subiendo, pero lo que en cualquier otro local sería un incordio aquí parece música ambiental. Que si un oé oé, a segunda oé, que si feliz cumpleaños, que si el coro entonando el «chalaneru chalaneru, qué lleves ene esa chalana…», cada grupo va incrementando su contribución a la algarabía, teniendo en el resto de los presentes unos aliados fieles que corean sus cánticos y les azuzan y vitorean. Nadie está molesto, todos participan ya sea con sus gritos y cánticos o con sus sonrisas cómplices y aplausos. No hay quejas ni reclamaciones, nada molesta, todos somos cómplices de una noche alegre y desenfadada que antaño era habitual en muchos locales y que se ha ido perdiendo para quedar relegada a muy pocos afortunados sitios escondidos en el tumulto y las prisas de la nueva era tecnológica. Un final que nos deleitó el coro con el Asturias patria querida acompañado por el resto de los presentes puso la guinda al pastel.

Salimos de allí con las pilas cargadas, con una gran sonrisa en la boca. Ésta sí fue una buena cena. ¿Qué comimos?: tapeamos, pero el qué no importa, aunque os puedo asegurar que estaba muy bueno. Lo que realmente importa es el ver que todavía existen sitios mágicos en el mundo de la restauración asturiana que nos hacen pasar una velada inolvidable.